Leí Los detectives salvajes, la novela de Roberto Bolaño, por primera vez en el 2008. Tanto me impresionó el libro que, al terminarlo, hice dos cosas: le escribí un correo electrónico de agradecimiento a la profesora que lo había recomendado y compré de manera desaforada —en los meses siguientes— los otros libros de Bolaño. En el 2008 me convertí en bolañista: quería leerlo todo, saberlo todo, entenderlo todo.

El personaje principal de la primera parte de Los detectives es Juan García Madero, un adolescente aspirante a poeta y que encuentra en los real visceralistas a un grupo con el que se identifica completamente. ¿Qué sentirá un adolescente que lee por primera vez la novela de Bolaño? Yo, por supuesto, no puedo hablar desde mi experiencia pues mi primera lectura fue a los 21 años pero sí me animo a teorizar sobre este asunto.

El escritor Manuel Vicent escribió en un perfil sobre Julio Cortázar que “amar a Cortázar fue el oficio de toda una generación (…), no había una chica que, después de leer Rayuela, no soñara con ser la Maga”. Por su parte, Enrique Vila-Matas afirmó que Los detectives era “un carpetazo histórico y genial a Rayuela”. Así que, en principio, diría que no hay adolescente que lea esta novela y no sueñe con ser Ulises Lima, Arturo Belano o cualquier otro real visceralista.

Infrarrealistas en Casa del Lago

Sol me preguntó una vez por qué me gustaba tanto el libro. Era invierno, de noche, y caminábamos por la avenida principal (pero desierta de peatones) de Comitán. “Porque, al menos en la primera parte, está dibujado el adolescente que me habría gustado ser”, respondí. La frase parece trágica pero en realidad confirma lo maravilloso de la literatura: nos permite vivir otras vidas, explorar otros mundos, sin abandonar la comodidad de una ciudad de cien mil habitantes. En el caso particular de Los detectives, nos presta la capacidad de vivir sin timón y en el delirio de la que hablaba Mario Santiago (Ulises Lima en la novela).

¿Estaría de acuerdo Bolaño en que Los detectives salvajes es el estandarte de una generación? Seguramente no, aunque él tenía muy presente a la suya y la reflejó en toda su literatura. Dos ejemplos como muestra:

En el programa de mano que se entregó al público durante la ceremonia en la que Bolaño recibió el Premio Rómulo Gallegos el autor escribió:

También es la transcripción, más o menos fiel, de un segmento de la vida del poeta mexicano Mario Santiago, de quien tuve la dicha de ser su amigo. En este sentido la novela intenta reflejar una cierta derrota generacional y también la felicidad de una generación, felicidad que en ocasiones fue el valor y los límites del valor.1

Mario Santiago es el poeta que, entre otras cosas, leía libros mientras se bañaba, que pagaba el arroz blanco más caro de París y que desapareció en Nicaragua durante la revolución sandinista. Es ciertamente una labor detectivesca rastrear la vida de Mario y saber qué de lo que cuenta Bolaño es verdadero y qué es ficción. Quizá con esta novela empezó también, sin saberlo, mi gusto por la crónica, por narrar lo real, lo verificable, pues me divertí mucho siguiendo los rastros que dejaba el libro en artículos, entrevistas y relatos.

El segundo ejemplo sobre la relación entre Los detectives y una Generación es más romántico. Lo dio Bolaño en su discurso de aceptación del premio Rómulo Gallegos en Venezuela y dice:

En gran medida todo lo que he escrito es una carta de amor o de despedida a mi propia generación, los que nacimos en la década del cincuenta y los que escogimos en un momento dado el ejercicio de la milicia, en este caso sería más correcto decir la militancia, y entregamos lo poco que teníamos, lo mucho que teníamos, que era nuestra juventud, a una causa que creíamos la más generosa de las causas del mundo y que en cierta forma lo era, pero que en realidad no lo era.2

Pocas cosas debe haber más intensas que una (verdadera) carta de amor. Bolaño consiguió (hablando sólo de Los detectives salvajes escribir una de 700 páginas para todos sus contemporáneos. Una carta en la que le habrá sacado sonrisas y lágrimas a Bruno Montané o Lisa Johnson o Mara y Vera Larrosa o cualquier infrarrealista que se haya descubierto en los pasajes o como personaje de este libro.

Según lo que creía Bolaño, Los detectives salvajes está destinada a desaparecer, como también lo harán “desde el escritor más miserable de Santiago hasta Cervantes”. Mientras tanto, podremos seguir disfrutando con las vidas de la generación visceralista e imaginar, con cada nueva lectura, que nosotros no somos nosotros sino otros.


  1. Bolaño, Roberto: Entre paréntesis. Ed. Anagrama, Barcelona, 2005, p. 326 
  2. Bolaño, Roberto: Entre paréntesis. Ed. Anagrama, Barcelona, 2005, p. 37