Hasta hace un año y medio era claro que en Comitán sólo había una librería: la Proveedora Cultural. Está en la ciudad desde hace varias décadas, cambió de domicilio en un par de ocasiones y finalmente se estableció en un amplio local a un par de cuadras del parque central. Lejos, sobre el Boulevard, con poco más de un año de vida, está LALILU. Aún con su minoría de edad, ya es suficiente para decir que ahora hay dos librerías en esta ciudad.

Como todas las librerías hispanohablantes (con excepción de las románticas librerías de usado), LALILU recibe mensualmente las novedades y reposiciones del Grupo Planeta, el conglomerado editorial más grande en idioma español. El proceso es sencillo: el primer día del mes recibimos el catálogo, hacemos una selección (porque no todas las novedades nos interesan) y cuatro o cinco días después aparece el repartidor de Fedex y nos entrega una caja de libros de aproximadamente quince kilos.

En abril todo estuvo bien hasta la selección del material. Pero después pasó la primera semana, la segunda, la mitad de la tercera y Luis, el repartidor, siempre puntual, esta vez no aparecía. Y entonces hubo que hacer pesquisas. Tras un prolongado intercambio de mails obtuvimos el número de guía de Fedex y con ello una noticia inesperada: la caja estaba entregada pero nosotros no la habíamos recibido.

En algún lugar de Comitán había alguien, seguramente muy feliz, con una caja repleta de novedades editoriales. Y si bien el rastreo de Fedex indica quién recibió el paquete no especifica dónde fue entregado por lo que la ubicación de la caja era un misterio. Aún así, en la oficina aseguraron que tendrían información al día siguiente.

Afortunadamente, no fue necesario pasar la noche en vela pensando en el destino de los libros. Estaba terminando la tarde cuando Luis entró a la librería con una caja entre manos.

—Disculpe la confusión, aquí traigo la caja —fue su manera de saludar—. Bueno, no es su caja sino una igual que tenían en el otro lugar.

—No me diga que la llevaron a la Proveedora…

—Sí pues. Es que venían otras cajas iguales para allá y por eso dejamos esta también.

Apareció la música del azar. El mismo día que había llegado la caja de LALILU también la Proveedora recibió su pedido. Tal como hacemos nosotros, recibieron felices su paquete, dieron de alta a los libros en el sistema e incluso les colocaron el precio correspondiente.

—Están todos los libros menos uno que ya habían vendido —afirmó el repartidor mientras me entregaba un billete—, espero que no haya problema.

Le aseguré que no. Firmé de recibido y di las gracias. Y pensé que para los libros de LALILU seguro había sido emocionante conocer, aunque fuera por unos días, la primera librería de Comitán.