Este año empecé (y terminé) The Good Wife. En tres semanas vi cinco temporadas pero los últimos episodios los disfruté como persona normal, al ritmo de un capítulo cada lunes. Elegí The Good Wife porque en febrero tenía mucho tiempo libre y porque para pasar el rato no hay nada mejor que la fórmula de episodios autoconclusivos. Sin embargo, la serie crece con cada temporada y en un momento las historias de cada episodio son sólo un pretexto para desarrollar la trama mayor que no sólo es la de Alicia, la protagonista, sino la de  un repertorio muy grande de personajes todavía más interesantes.

Si hablamos de las virtudes de The Good Wife es fácil coincidir en una: los personajes secundarios son espectaculares y sus historias y motivaciones superan con creces a las de los protagonistas. Dos ejemplos: Louis Canning (Michael J. Fox) es el paradigma del abogado sin escrúpulos que aprovecha hasta su propia enfermedad para obtener una ventaja en los juicios. Por otro lado, Colin Sweeney, un habitué del banquillo de los acusados, se aprovecha de su dinero y encanto para torcer la ley a su antojo y salirse siempre con la suya.

La trama de The Good Wife avanza con velocidad y juega con la realidad de la misma forma que hace The Newsroom: muchos episodios tienen su base en historias actuales. Incluso algunos personajes tienen su símil en la vida real. En The Good Wife se ha hablado de la vigilancia de la NSA, del Bitcoin y hasta de The Silk Road, el mercado negro online por antonomasia de la Deep Web. No hay que esperar grandes críticas pero es interesante ver en una ficción situaciones y elementos que forman parte de la realidad del espectador.

The Good Wife ha logrado episodios y secuencias muy emocionantes, por ejemplo el despido de Alicia Florrick en la quinta temporada. Casi el equivalente a la debacle del imperio de Walter White. Pero la mayor proeza conseguida por la producción fue, sin duda, mantener en secreto durante meses la muerte de uno de los protagonistas. Pocas cosas pueden mantenerse en secreto en la televisión y la decisión de un actor de abandonar un rol protagónico de una serie popular no es una de ellas. The Good Wife lo logró. No sólo mantuvo con éxito ese secreto (generando una enorme sorpresa e incredulidad en los espectadores) sino, más importante aún, cerró con dignidad la trama del personaje en cuestión porque los guionistas comenzaron a trabajar en su final desde muchos meses antes.

El universo de Alicia Florrick tiene muchas virtudes, aunque su protagonista no sea en realidad todo lo interesante que debería. Alicia hace honor a su adjetivo de “Buena”: Es la típica madre estadounidense que prefiere sacarle los preservativos a su hijo adolescente cuando los encuentra en su mochila o le prohibe a su hija menor verse con una amiga sólo porque hace performances de baile callejeros.

Alicia es, antes que abogada exitosa e inteligente, The Good and White American Wife.