Ayer viernes tuve la oportunidad de participar nuevamente en el Congreso de Educación 2014 en Lincoln, Provincia de Buenos Aires. El congreso se realizó por segundo año consecutivo y si algo quedó claro es que hay una enorme voluntad de avanzar. Hay consciencia de que la tecnología avanza rápido y que no tiene caso estar siempre en el punto cero. Las charlas y talleres que se dictaron en esta ocasión fueron muy distintas (más profundas) que las del año anterior.

Y estoy seguro que todos, organizadores, panelistas y docentes, agradecieron eso.

Volví muy contento del congreso. Compartí espacios y charlas con algunos titanes, algunos desconocidos para mí pero que me dejaron con la cabeza revolucionada (Antonio Battro y Daniel Córdoba especialmente), y volví a encontrarme con muchas personas apasionadas por seguir aprendiendo y entendiendo todo el espectro de nuevas tecnologías.

En esta ocasión mi participación en el congreso tuvo dos etapas: la primera fue una charla en el marco de una mesa plenaria titulada “Múltiples miradas tecno”. Como el año pasado había hablado mucho de las redes sociales esta vez giré hacia la creación de contenidos, las licencias y la cultura libre. La segunda etapa fue un taller/charla sobre las bondades de la Wikipedia y cómo se puede incorporar una plataforma Wiki en el aula.

De nuevo: fue un placer asistir. Agradezco a todos, la gente de ACREA, de la Escuela del Alba, de AMA y a cualquier otro involucrado por confiar en mí nuevamente.

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Mi charla en el congreso se llamó “Remix, Creative Commons y Creaciones Colectivas”. Es, por supuesto, un mix de muchas otras charlas y muchos textos que me crucé en el camino y que ayudaron a construirlo de principio a fin. Si alguien se anima a leer seis páginas (con enlaces), el texto está después del salto.

Remix, Creative Commons, Creaciones Colectivas

Posiblemente los dos inventos más importantes en el siglo XX (basándonos sólo en su potencial creativo) son el celular e Internet. Ambos cambiaron, revolucionaron, por completo la realidad y ahora, al menos para una parte acomodada de la población, son objetos indispensables en la vida cotidiana.

Internet y los celulares han evolucionado mucho. La World Wide Web, la capa visible de la web, es ahora una plataforma donde cualquiera puede publicar cualquier idea. El famoso “Prosumidor”, el productor/consumidor. Lawrence Lessing, creador e impulsor de las licencias Creative Commons, habla de un regreso a la cultura de “Lectura/Escritura” en oposición al modelo “Solo-Lectura” que fomentaron los medios masivos de comunicación (radio y televisión) durante el siglo XX con los que el usuario tenía que adecuarse a contenidos muy concretos.

Llevamos un tiempo ya escuchando sobre las bondades de Internet, la Web 2.0 y las redes sociales. Para una parte de la generación de mediados del siglo XX algunas de las cosas que ocurren en Internet pueden ser incomprensibles. Para algunos chicos de la generación del siglo XXI es sencillamente un campo enorme donde pueden sentirse con la libertad de hacer lo que deseen sin tener que rendir cuentas a nadie. Este extremo, por supuesto, es equivocado y peligroso.

Las múltiples plataformas en Internet (sobre las que hemos hablado hasta el cansancio) permiten la creación y publicación de casi cualquier tipo de contenido (audio, video, texto, imagen) de la mano de cualquier usuario. Con esta posibilidad llegan preguntas interesantes: ¿De quién es la creación? ¿Qué ocurre con las creaciones colectivas o los remix de contenidos? El origen de un contenido siempre es otro y en Internet es muy fácil apropiarse de algo, transformarlo y republicarlo.

¿Cómo afecta este sistema, en el que crear contenido, publicarlo y compartirlo es tan sencillo, el trabajo digital en el aula? Algunos docentes prefieren no crear, o hacerlo sin compartir (o desde el ámbito de lo privado) para evitar la posibilidad de que el contenido no sufra mutaciones indeseadas. ¿Hay algo que se pueda hacer al respecto? ¿Y con las creaciones que los alumnos realizan en el aula?

Hoy vamos a hablar de intentar ser responsables en la web (Identidad Digital): esto implica ser conscientes de dónde venimos (nuestra tradición cultural), qué hacemos y cuál queremos que sea su objetivo final.

Es indispensable, primero que nada, hablar de Edward Snowden. El año pasado en este mismo congreso comencé la charla con una imagen de Aaron Swartz, un joven brillante, activista de los derechos en Internet e impulsor de varias tecnologías libres y abiertas que hoy usamos (RSS, por ejemplo). Swartz se suicidó en enero del año pasado debido a una posible sentencia judicial (económica) por hacer usar las redes del MIT para descargar y compartir documentos académicos de un repositorio educativo.

Esta vez el nombre que abre la charla es uno más famoso: Edward Snowden. Desde junio del año pasado, Snowden ha estado en boca del mundo tecnológico: un analista de sistemas, ex-empleado de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que de un día para otro pone sobre la mesa una situación que hace parecer 1984, la novela de Orwell, como un mundo demasiado permisivo:

“Estamos siendo observados, monitoreados, muy de cerca”

¿Y quién nos observa? El Gobierno de Estados Unidos. Resulta que los dos inventos más importantes del siglo XX, el Internet y el celular, son también las herramientas perfectas para el desarrollo de un Estado vigilante. Gracias a Snowden nos enteramos que existe, entre otros, un programa llamado PRISM que puede monitorear y almacenar correos electrónicos, vídeos, chat de voz, fotos, direcciones IP, notificaciones de inicio de sesión, transferencia de archivos y detalles sobre perfiles en redes sociales de cualquier persona fuera de Estados Unidos.

PRISM es solo una de las muchas herramientas que usa la NSA para esta “Vigilancia Global”.Capturan contenido y lo guardan.. y en los servidores de la NSA pueden estar nuestros datos por meses, años o para siempre.

Las revelaciones de Snowden fueron shockeantes porque resultó que Internet no era más aquel paraíso terrenal que creíamos, donde todo era gratis, podíamos hacer cualquier cosa y nadie se enteraba de nada. Resulta que sí se enteraban. Y se siguen enterando porque hasta el momento no hay un signo de que estos programas hayan cesado.

Estamos pagando el uso de Internet, y la posibilidad de saltarnos al intermediario, con nuestra privacidad.

Sorprende, sin embargo, que haya quienes (además del propio Gobierno de Estados Unidos) apoyen esta vigilancia masiva. Hay cuatro argumentos principales a favor de esta vigilancia:

1. “Sabíamos que pasaba. No es nada nuevo”: Realmente no es así. Quizá en nuestros peores momentos pensábamos que podía haber algo así. Pero ahora sabemos es cierto.

2. “Pasa. Pero otros países lo hacen también”: Es verdad que muchos países espían. Estados Unidos no es el único malo de la película. Pero por alcance.. la mayoría de las conexiones pasan por servidores de Estados Unidos (Facebook, Hotmail, Gmail, Microsoft, Skype).

3. “Es justo para luchar contra el terrorismo”: Inocente hasta que se demuestre lo contrario. Para luchar contra el terrorismo no hay que espiar a presidentes, ciudadanos etcétera.

4. “No tengo nada que ocultar”: No han pensando lo suficiente. La privacidad no es negociable.

¿Qué podemos hacer al respecto? Es un camino largo pero la solución es sencilla: el software abierto, software libre. Construyendo entre todos sistemas libres, abiertos y seguros se puede bordear esta vigilancia. El Open Source. El Open Source es un tema para otra charla pero tener la idea de “software libre y abierto” en mente nos sirve para dar paso al siguiente tema:

Todo es un remix

Entre las filtraciones de Snowden, la publicidad excesiva y la obsolescencia programada dan ganas de dejar de usar Internet y volver a usar palomas mensajeras. Pero mejor vamos a concentrarnos en lo que sí podemos hacer.. y además en cómo colaborar con el objetivo de hacer un mundo más abierto, más libre, al menos online.

En el aula todos los días se crean cosas: proyectos escolares, ensayos, trabajos en equipo. Las consignas son diversas pero, cada vez más, dentro de las posibilidades, se siente la necesidad de incorporar siempre el elemento tecnológico. Desde una simple diapositiva en PowerPoint hasta un video grabado con celular y editado con un software cuya licencia es de origen de dudoso, la tecnología aparece casi siempre.

Internet trajo consigo una cultura muy sencilla del “copiar y pegar”. Es más fácil copiar bits que una acuarela. Pero eso no quiere decir que antes no hubiera mucho “copy and paste”. En muchas canciones, Bob Dylan, Led Zepellin, Ray Charles hay fragmentos, no similares, idénticos de melodías anteriores.

El Remix ha existido siempre. Sólo que ahora es más fácil de realizar y está al alcance de todos.

El Remix es combinar o editar un material existente para producir algo nuevo. Y un Remix se divide en tres pasos fundamentales: copiar, transformar y combinar.

En este momento cualquiera puede mezclar cualquier cosa y ponerla a disposición de todos. Y lo hace desde el alumno se primero de secundario hasta cineastas que han encontrado en el remix una forma de expresión única: Kill Bill de Quentin Tarantino es quizá la película más remixeada de la historia: un homenaje tras otro con escenas y planos idénticos a las favoritas del director.

Star Wars, James Bond, Harry Potter, todos estos productos, sagas además, se cansan de tomar elementos de historias anteriores y hacer una refuncionalización para adaptarlos a una nueva anécdota. Es obvio que la creación requiere de influencias y también que, aunque muchas veces queramos aferrarnos a que el trabajo creativo es propietario, lo necesitamos libre para seguir construyendo sobre él.

Esta situación, por supuesto, se estrella completamente con al realidad del sistema legal actual que considera, esencialmente, que las ideas tienen dueño (y también fundamentada en las reglas del capitalismo: todo tiene un precio). Esto se traduce en la llamada “Propiedad Intelectual”.

Lo cierto es que somos muy territoriales con las ideas, especialmente si son nuestras. No tenemos mucho conflicto en descargar un Mp3 o una serie de televisión pero cuidado si alguien se mete con nuestra idea, nuestro escrito, nuestro arte. Queremos reconocimiento, como mínimo, y por supuesto, un pago.

Recibir un pago por un trabajo artístico no está mal. El conflicto viene cuando, como se mencionó antes, se radicaliza la situación: la industria quiere cobrar por todo y el usuario no quiere pagar por nada. Y en el medio, todos seguimos creando con materiales e ideas anteriores.

¿Cómo podemos ayudar para hacer más democrático y justo el uso de contenidos? Volvemos a poner el asunto básico sobre la mesa: Internet revivió la cultura de la Lectura/Escritura, permitió el remix masivo y creó plataformas que permiten alcanzar una audiencia global con los mínimos recursos posibles. Lo importante no es la técnica (en la década de los ochenta con cientos de miles de dólares uno hacía un remix) sino que la posibilidad se ha democratizado.

El aparato legal de derechos de autor ha atacado al remix con un enfoque básico: lo consideran piratería. Pero dejemos claro: Remix no es pirateria. Es tomar el material de otros, un fragmento, para decir algo diferente. Cada vez que hacemos uso de la cultura producimos, en un sentido, una copia.

En este sentido, son los propios creadores, sean artistas, gobiernos, padres de familia, alumnos, los que tienen que adoptar un sistema en el que tomar contenidos para su reutilización no sea considerado un delito o piratería. Es, hasta cierto punto, una obligación como ciudadano digital: dar un destino claro a todo lo que hacemos en Internet. No pensar que sólo porque no existe de forma tangible, podemos abandonarlo a su suerte o negarle la posibilidad de ser una base para otra cosa.

Con el objetivo de crear y fomentar la “Cultura Libre” fue que nació la organización Creative Commons. Con la idea de que “Todo es un Remix” y que las ideas y la creatividad no tienen dueño, no pueden ser patentadas, pusieron en marcha una plataforma para licenciar contenido de forma fácil y sin centrarse en el obsoleto copyright.

Y todos deberíamos, con cada creación, ya sea personal o laboral, licenciar con Creative Commons.

Creative Commons es una organización sin fines de lucro que permite a creadores usar y compartir creatividad, conocimiento y contenido a través de herramientas legales y gratuitas. Su principal impulsor y creador es Lawrence Lessing, especialista en derecho informático y defensor del concepto de Cultura Libre.

CC se basa en la siguiente premisa: Cuando compartimos nuestra creatividad (en cualquier medio) permitimos a cualquier persona en cualquier parte ser inspirada por ella y así potenciar más creaciones. Con Creative Commons podemos, de forma sencilla, licenciar nuestro trabajo con las condiciones adecuadas para que, de él, surjan nuevas manifestaciones.

Las licencias y herramientas de derechos de autor Creative Commons, genera un equilibrio dentro del escenario tradicional de “todos los derechos reservados” que crean las leyes de propiedad intelectual. Todas las licencias Creative Commons tienen importantes características en común. Cada licencia ayuda a los creadores a mantener sus derechos de autor al mismo tiempo que permiten a otros copiar, distribuir, y hacer algunos usos de su obra, al menos de forma no comercial. Todas las licencias Creative Commons permiten también que los licenciantes obtengan el crédito que merecen por sus obras.

Las licencias Creative Commons especifican de forma exacta lo que se puede y no se puede hacer con el trabajo creativo, expandiéndose más allá del “Todos los derechos reservados”. No sólo deberíamos licenciar nuestro trabajo con CC sino hacer uso del contenido que está cobijado bajo estas licencias.

Conclusiones

Siempre hay que avanzar. El año pasado, el primero del Congreso, fue todo acerca de cómo trabajar en las redes sociales, cómo incorporar las herramientas que tienen a los chicos fascinados en el trabajo del aula. Las plataformas están ahí y seguramente ustedes ya las conocen, las han explorado, las han utilizado.

Avanzar quiere decir saber qué hacer con el contenido creado. Estar conscientes de dónde viene y cuál es su destino: colaborar con la cultura libre y la utopía del acceso libre al conocimiento. Tenemos herramientas fantásticas (quizá dado los descubrimientos recientes mucho menos de lo que pensábamos) pero hay que usarlas con responsabilidad y con el objetivo de colaborar, en mayor o menor medida, con el mundo de las ideas.

El trabajo del docente con las redes sociales, Internet en general, no pasa por enseñar cómo usar software. La parte técnica es relativamente sencilla. Pasa por otro lado: hacer conscientes a los alumnos que todo lo que hacemos significa algo y hay que ser responsables (ética y moralmente) con ello.

La lucha por la privacidad y la cultura libre comienza así.