Es curioso que después de haber escrito sobre Bartleby haya ocurrido una sequía de mensajes. Para evitar pasar a formar parte de la colección de ese libro interminable habrá que esforzarse un poco.

Estoy a menos de dos meses de terminar la escuela. Cuatro años han pasado y estos últimos días se están yendo como agua. La verdad las clases no están interesantes, creo que hasta los maestros ya nos sienten fuera y nos dejan a nuestras anchas. Eso, por una parte, está bien. Estoy disfrutando ir a la facultad, jugar ajedrez, leer periódicos y libros en la biblioteca, platicar brevemente en los pasillos, como en una agradable espera del ansiado final. Los planes para después de la universidad se multiplican a cada momento y es emocionante darles un orden, priorizar, establecer y concretar toda la virtualidad. Puedo decir, con franqueza y felicidad, que estoy abierto a cualquier opción que se presente. Me he formado para esto.

En otro punto radicalmente diferente ¿Quieren un equívoco sin importancia?

La novela se trata de llegar de un punto A a uno B. Cómo se llega es la trama y quién llega son los personajes. He pensando que una novela fantástica es/sería aquella en la que el lector no tiene la obligación de terminar en el punto B (última página), sino que posee la libertad de cerrar el libro donde lo considere necesario y aún así disfrutar de la novela completa. En este sentido, estamos ante una novela cuyo punto B, aunque presente, no es ni necesario ni siempre el mismo. Todo esto porque se me ocurrió que, al final, en la mayoría de los libros, trama y personaje son irreconciliables: o aquella se cae, o éstos se acartonan.

¿A que fue un equívoco?