Cuando comencé a leer libros con la conciencia de leer libros fue en la preparatoria. De la nada surgió el deseo de conocer de primera mano a ellos de quienes todos hablaban: García Márquez, Carlos Fuentes, Rulfo. Sabía de su existencia como todo el mundo, son un ícono, no es necesario tener una amplia cultura literaria. Inicié. Por aquel entonces tomé la determnación de no aceptar recomendaciones literarias de nadie. Un libro realmente tenía que atraerme, un poco por ósmosis. Durane algunos años fue así y así me fue, leí menos de lo que podría haber leído.

Hace poco, quizá seis u ocho meses cambié radicalmente método. Comprendí que hay mucho que leer, demasiadas páginas ahí afuera y es necesario tener nuestro Virgilio particular, alguien que nos oriente, además de nuestro instinto, en la selva literaria. Por ahora han sido dos quienes han cumplido, desde el más allá, la función de consejero: Truman Capote gracias a las entrevistas publicadas en Conversaciones íntimas con Truman Capote y más recientemente Roberto Bolaño en su fantástico libro Entre paréntesis, una serie de articulos, ensayos y entrevistas, ambos publicados por Anagrama. Capote y Bolaño fueron personas puntilosas, con sus ideas, literarias y extraliterarias, bien definidas y sin temor a expresarlas. Los dos libros son la experiencia literaria de cada autor, lo que les gusta, no les gusta, les gustaría, las obras maestras, los bodrios y sin sentido. Constituyen, sobretodo el libro de Roberto Bolaño, un recorrido vasto por muchas de sus lecturas, con opiniones y apuntes fundamentados y eso siempre se agradece.

Ahora, aunque algunas veces rebelde, me dejo guiar y gracias a ellos, y a otros no mencionados, he descubierto, dentro de la selva, lugares exóticos y misteriosos a donde tal vez, por mi mismo, jamás hubiese llegado.