María Baranda es poeta y escritora de libros para niños. Estuvo en Comitán, Chiapas, leyendo su poesía en la novena edición del festival Carruaje de Pájaros. Después de su participación tuvimos una pequeña charla sobre su experiencia haciendo literatura para los más pequeños.

¿Qué es la literatura infantil?

A mí me choca el nombre de Literatura Infantil. Simplemente la llamaría literatura… literatura a la que pueden tener acceso niños y jóvenes. Nunca nos referimos, por ejemplo, a una mesa de “poesía para adultos”. Es poesía, simplemente. La literatura cuando es buena es buena. Lo que hay que pensar es que hay que darle a los niños eso, gran literatura.

¿Hay un boom de libros para niños en México?

Sí, definitivamente. Hace unos veinte o 25 años que hay una explosión de autores e ilustradores dedicados a este género. La causa es un interés de las editoriales. Tiene que ver con el mercado y con que los editores de pronto se dieron cuenta de que es necesario dirigirse al público infantil.

¿Cuáles son las mejores editoriales mexicanas que están apostando por la literatura infantil?

Hay unas independientes muy buenas. Ediciones El Naranjo, por ejemplo, que está dedicada casi en en exclusiva a la literatura mexicana. También está Castillo, el Fondo de Cultura Económica, Editorial SM, Norma Ediciones. Creo que son las que están moviendo más la escena en México.

¿Qué libro de tu infancia recuerdas con más fuerza? ¿Cuáles conservas?

Tengo Sandokan de Emilio Salgari y un volumen 20 mil leguas de viaje submarino de Julio Verne.

¿Y el libro infantil más hermoso que hayas visto?

Te puedo hablar de una historia que me impacto. Se llama El bolso amarillo de Lygia Bojunga, una autora brasileña. Cuando o leí dije “Wow, qué historia más especial ha creado esta mujer”. Y en cuanto a un libro como objeto pienso en La invención de Hugo Cabret de Brian Selznick editado por SM.

¿Qué debería buscar un papá o una mamá en un libro infantil? ¿Qué hace a un libro un gran libro, a una historia una gran historia?

Es una pregunta difícil porque en esto que hacemos para los niños hay un mediador. Muchas veces es el padre de familia, o el maestro, el tutor, los bibliotecarios o los libreros. Y ellos eligen que libros sí y que libros no van a las manos del niño. Yo creo que uno, con el tiempo y con la práctica de la literatura, aprende a distinguir lo que es bueno. Es como la comida: si le das sólo papas fritas a un niño pues lo enfermas. Pero si empiezas a darle buena comida el niño empieza a crecer sano. Eso pasa con los libros. De un libro importa que esté bien escrito, bien ilustrado. Hay que buscar un libro que interese, que capte, que atrape al lector, no importa el tema, Y el ojo aprenderá a distinguir esa calidad de lo otro que se consideraría chatarra, es decir, que no le daría un crecimiento en ningún nivel al lector.

¿Cómo es tu proceso creativo en un libro infantil? ¿Trabajas mano a mano con el ilustrador?

Yo trabajo junto con el editor. La figura del editor es muy importante en la literatura que se escribe para niños. Es él quien acerca el texto al ilustrador. Así se conforma un equipo de trabajo pero siempre con el editor en el centro, como punto de unión. A través de él yo veo quién puede trabajar en mi libro, quién tiene el tono necesario o cómo van las ilustraciones.

¿Crees que el autor de libros infantiles tiene una responsabilidad mayor que el que se dirige a un público adulto?

Sí, el escritor que se dirige a un niño tiene una responsabilidad mayor. Es la responsabilidad de la formación pero no ética ni moral sino literaria. ¿Qué quiero? Dar una buena historia o un buen poema para abrir el imaginario del niño.

¿Piensas entonces que puede haber un libro, una historia, sin ideología?

Yo espero que sí haya historias sin ideologías y sin intenciones. Que en un buen libro simplemente se ponga en juego la imaginación.