Después de una larga espera, el domingo reinició la quinta temporada de Breaking Bad. Volvió Walter White, completamente dominado por su particular versión de Mr. Hyde, dispuesto a resolver el problema final.

A estas alturas ya es evidente que Breaking Bad no va a tener un final feliz. Algunos podían fantasear con esa posibilidad aún después del primer episodio de la quinta temporada pero esta vez “Blood Money” no deja lugar a dudas: Cuando todo termine no quedará nada de quien alguna vez fue un ingenuo profesor de química; todo será succionado por la fuerza imparable de Heisenberg.

Heisenberg
Será difícil que alguien se acuerde de Walter White

La personalidad narcisista de Walter White es el hilo conductor de la tragedia que es la serie. Bastó que recordara que era un genio de la química para que sus humildes objetivos, ganar $737.000 dólares produciendo la metanfetamina más pura del mundo, quedaran en el olvido. En algún momento se convenció de que era el engranaje fundamental de un imperio y cada vez que alguien intentaba demostrarle que no era así, Heisenberg aparecía con toda su furia para enseñar que sí, que él era todo, que era el rey.

Por su propia personalidad, Walter White voló siempre muy cerca del sol. Asegurándose, entre las sombras, que quedaba claro que su trabajo era sólo suyo y nadie le podía robar una pizca de crédito. En el episodio ocho podía haber elegido quedarse callado al respecto del localizador GPS, seguir interpretando su papel de dueño de un lavado de autos. Pero no lo hizo. Heisenberg se ha empeñado siempre en tener la última palabra, en poner las cartas sobre la mesa. ¿Para qué retrasar lo inevitable?

Hay que agradecer la coherencia de los guionistas en este sentido. Con seguridad este episodio de Breaking Bad ha sido uno de los más esperados en la televisión moderna (fue el más visto en la historia de la serie sin contar downloads) y mucho tuvieron que ver los últimos minutos del séptimo episodio emitido hace más de un año: Hank ataba cabos y descubría la doble vida de su cuñado. En cualquier serie habrían optado por un capítulo tranquilo, un salto temporal, cualquier recurso que permitiera alargar el juego del gato y el ratón entre Hank y Walter White sólo para mantener la intriga. Lost fue una serie que abusó de este recurso hasta el cansancio.

Pero cuando se reanudó Breaking Bad (salvo por los primeros minutos) nos encontramos justo donde lo dejamos. Sin trampas ni juegos mentales ni engaños baratos.

Sólo Heisenberg contra el mundo y muchas dudas que serán resueltas pronto.