En el 2005, cuando aún vivía en Xalapa y comenzaba con mi vida de universitario, estaba muy obsesionado con el poker. Había pasado de jugar ocasionales partidas con amigos a descubrir el poker online y todo el universo que se formaba alrededor de un simple juego de cartas. Mientras leía los clásicos griegos pensaba también que quizá mi destino era llegar a ser como esas personas que veía por la tele: un jugador de poker profesional.

Lo que más me llamaba la atención de la vida del jugador de poker eran dos cosas: la facilidad con la que parecían ganar dinero y la posibilidad de viajar por el mundo. Yo, dentro de todo, no quería ganar tanto dinero, sólo aspiraba a tener lo suficiente para realizar el segundo objetivo: viajar por el mundo. Ir a todos los lugares que quisiera y ya de paso jugar poker para así seguir ganando más dinero. Había creado un círculo perfecto.

Recuerdo numerosas tardes que pasaba frente a la pantalla de mi computadora viendo las partidas de poker online en la que los mejores jugadores del mundo (yo sabía quiénes eran, sus nombres, sus historias, su edad, todo) disputaban cientos de miles de dólares. Y pensaba, con enorme ingenuidad, que yo también podría ser uno de ellos. En algún momento pasaría a ser actor en vez de espectador.

Por supuesto, mi versión del sueño americano nunca ocurrió.

En esos años de gran obsesión tenía claro cuál era mi mayor deseo. Desde el 2005 se llevaba a cabo en Nassau, Bahamas un torneo con un nombre muy pegadizo: PokerStars Caribbean Adventure. Específicamente, el torneo se juega en el Atlantis Resort & Casino que a su vez se ubica en Paradise Island, una isla perteneciente a Bahamas a la que se accede cruzando un puente que la conecta con Nassau.

Este mapa lo explica mejor (el puente estaría justo arriba de las tortugas):

Nassau

El PokerStars Caribbean Adventure (PCA de ahora en adelante) era el torneo al que yo quería asistir. El evento con el cual, incluso, me daba por satisfecho y podía abandonar mi carrera como jugador. De hecho no quería ni siquiera ganarlo , me interesaba el viaje y la experiencia que podía vivir en el Atlantis, un lugar donde Michael Jackson tomaba vacaciones y pagaba $25.000 dólares por noche por la suite más exclusiva del lugar.

Cumplir el sueño era complicado, especialmente por el tema económico (jugar el torneo costaba $7.800 dólares y un paquete con gastos de viaje y estadía $15.000) y porque, evidentemente, yo no pensaba poner un centavo. Había muchos torneos gratuitos que funcionaban como trampolín para el PCA pero era como ganar una lotería. A Sol le decía que ya me tocaría, que los dos iríamos a Bahamas, que había un motivo por el cual pasaba horas frente a la computadora leyendo cosas sobre poker.

Finalmente entendí que el sueño de jugador de poker no iba a funcionar pero eso no evitó que siguiera alimentando mi cerebro con toda la información que pudiera conseguir sobre el juego. Fue una buena decisión porque me sirvió para conseguir trabajo como escritor en páginas webs especializadas en el tema y en Buenos Aires pude conocer, no como jugador sino como periodista, todo lo que siempre me causó curiosidad de este universo.

El sueño de Atlantis estaba guardado en un baúl de los sueños guajiros.

Sin embargo, tuve que desempolvarlo en diciembre del año pasado cuando en CodigoPoker me invitaron a viajar para cubrir el décimo aniversario del PCA. El torneo se llevaría a cabo, como ya es tradición,en las primeras dos semanas de enero y si quería conocer Atlantis y caminar junto a los mejores jugadores del mundo, aquellos que hace un par de años veía a través de YouTube, sólo tenía que decir que sí.

Obviamente lo hice.

Bahamas