Ayer el camino de Coatepec a Xalapa fue algo más que un viaje de regreso. Venía escuchando La maza de Silvio Rodriguez y era de noche. El viento frío me pegaba en la cara por la ventana abierta de mi asiento y la velocidad vertiginosa del camión. Sentí que me dirigía hacia un lugar desconocido pero deseado. Cuando llegué a Xalapa ya era otro.