Ya llevas varios días ausente, de hecho, estás a punto de regresar. Santa ha venido dos veces y ambas ha preguntado por ti. Curiosamente piensa que sigues en el DF, eso me hizo saber la semana pasada. Yo no juzgué adecuado desmentirla porque creo que, a sus ojos, ya somos lo suficientente raros para encima contarle que llevas días en estado zen.

Hoy vino de nuevo; La última vez del año. Encontró la casa menos desordenada que de costumbre y a mí mas despierto de lo usual. Al poco tiempo, como dejándolo caer, mientras acomodaba los libros regados en el mueble pistache de Iván, comentó: Que raro que Sol no haya regresado. Yo dije: Ya casi, viene el sábado en la mañana. Ella: Bueno, Sol nunca se había ido tanto tiempo, ¿Se pelearon? Bueno, si se pelearon se tienen que contentar. Yo: No, Santa,no nos peleamos, de verdad. Está todo bien. Y se fue a arreglar la cocina.

Si tuvieramos más visitas en la casa (además de los couchsurfers que, sin conocerte, preguntan por ti), seguramente la pregunta de Santa se habría repetido en muchas ocasiones. Acostumbrados a vernos siempre juntos, un día desapareces por tiempo indefinido. Elemental, mi querido Watson, dirían. Y entonces yo tendría que decir que no, que está todo bien, que nos seguimos queriendo. Que no se preocuparan, y así.

Pero bueno, no hay visitas.

Sí hay amor.