Ariel Silva es uno con su cámara. Desde 2008 se ha dedicado de forma exclusiva a realizar fotografías para diferentes medios, es parte del Colectivo Salón de Luz que promueve la fotografía cultural y la cultura visual y ha expuesto su trabajo, tanto individual como en grupo, en varios espacios de Chiapas y la República Mexicana.

En 2014 ganó el primer premio en el 20 Concurso Latinoamericano de Fotografía Documental “Los trabajos y los días”, organizado por la Escuela Nacional Sindical, de Medellín y su trabajo más reciente fue la exposición “Orgullos de Chiapas”.

¿Cómo empezó tu camino en el mundo de la fotografía?

Empecé a tomármelo en serio en la universidad. Yo tenía otros planes, quería ser guionista, periodista o hacer películas de corte documental. En el 2006, estudiando periodismo, me topé en la calle con un cartel que promovía un taller de fotografía callejera impartido por Pedro Valtierra. Cursarlo derribó cualquier idea de retomar la escritura. Desde ese taller pienso sólo en imágenes y ocupo la calle como mi espacio de trabajo.

Seguí tomando talleres, todos especializados en fotografía social, y en el 2008, luego de graduarme, obtuve mi primer trabajo como reportero gráfico. Desde entonces, vivo de esto.

¿Y tu paso hacia la profesionalidad? Cuéntame sobre tu decisión de convertirte en fotógrafo profesional.

Al inicio fue complicado. En Chiapas hay muy pocos espacios para hacer la fotografía que me interesa. Hay pocos periódicos, y los pocos que hay no contratan fotógrafos sino que les dan cámara a sus reporteros (sólo la cámara, no capacitación). Hacerte de un espacio es muy difícil. Yo he tenido la suerte de encontrar en mi camino a las personas correctas, que han creído en mi manera de ver el mundo y han confiado en mi trabajo. Es una profesión con mucha competencia, mal pagada y peligrosa. Se requiere ser terco y obstinado para mantenerse. En la época actual no es nada fácil vivir de tomar fotos cuando todos llevan una cámara encima y existe cierta obsesión por la imagen, por hacer fotos que son vistas una sola vez y luego se desechan.

En tu perfil de Twitter te describes como “Fotógrafo de calle”… ¿Qué implica esa definición? Háblanos también un poco también sobre las características del reportero gráfico.

Para mí son complicadas esas clasificaciones. Siempre he trabajado en un periódico, desde que inicié a retratar. Sin embargo, mi trabajo no encaja completamente con el fotoperiodismo, ya que de pronto puedo provocar situaciones o utilizo los espacios como locaciones para hacer fotos que he planeado. El término fotógrafo también es algo confuso, pues si dices que eres fotógrafo luego las personas te llaman para una boda o para fotografiar alimentos. Alguna vez escuché el término “fotógrafo de calle” y me gustó. Fotógrafo de calle es interesarte en la vida del otro. Hay que ser paciente y respetuoso. Tener capacidad de asombro. Hay que estudiar y abrir nuestro trabajo a la crítica. Intercambiar opiniones. Conocer nuestro equipo y saber de técnica. Tener claro qué se quiere obtener de la calle y ser disciplinado. Llevar a cabo búsquedas para huir de la producción masiva de imágenes estandarizadas.

¿Cuáles son las diferencias fundamentales entre la fotografía de estudio y las que se realizan en un espacio abierto como la calle?

La fotografía de estudio generalmente quiere venderte algo. Persigue fines comerciales y busca la perfección estética. La fotografía de calle tiene intereses más relacionados con la sociología, la antropología y el documento. Un fotógrafo de calle no va por ahí buscando hacer “fotos bonitas”. Va por ahí buscando historias que contar.

¿Qué debe reflejar una buena fotografía? ¿Qué esperas captar cuando haces un disparo?

Todo es muy circunstancial. Antes planeaba exageradamente las imágenes que quería lograr. Pero me di cuenta que cuando ya estás ahí todo cambia, hay muchas variables. Por eso aprendí a dejar de esperar algo. Me gusta estar presente y contemplar. Ver por dónde entra la luz, dónde rebota, cómo se comporta, y dejar que el sujeto simplemente fluya sin que mi presencia estorbe. Cuando planeas de más lo que se consigue son imágenes de cartón, rígidas y exageradamente estéticas.

luchador

Me gustan las fotografías que te permiten suponer que el fotógrafo no estuvo ahí. Valoro esa habilidad de algunas fotógrafos para “hacerse invisibles” en el contexto que están retratando. Supongo tal vez que eso busco, que no me vean. Ser un espectador silencioso. Cuando pasa esto es cuando empiezo a retratar.

¿Qué es el Colectivo Salón de Luz?

Es un equipo integrado por cuatro amigos, reporteros gráficos, interesados en la fotografía social documental y en su función como agente de cambio. Producimos imágenes y organizamos talleres. Durante los últimos años nos hemos formado en el fotoperiodismo cultural. Esa es nuestra escuela y ese estilo de fotografía es en la que creemos. Estamos seguros que enseñar y estudiar fotografía es importante, que la tecnología sólo es una herramienta y que la luz sigue siendo lo esencial al retratar, a pesar de la vorágine de malos hábitos fotográficos que ha impuesto Instagram.

No nos importan los grandes temas relatados como hechos noticiosos. Nos interesa la gente y su forma de vivir, el espacio que habita, la manera en que afronta la vida. En Chiapas hay tantas realidades. Todas nos interesan. Todas juntas son éste lugar y no pretendemos sesgar nuestra mirada, pues estaríamos limitando nuestro discurso.

¿Cuál es la manera de trabajo del colectivo?

No operamos como una agencia de fotografía. Es decir, no contamos por ahora con un sitio en el que la gente pueda comprar las imágenes. Trabajamos en torno a proyectos puntuales que financiamos con recursos propios. Al concluir, buscamos clientes que puedan estar interesados en su compra. También desarrollamos trabajos por encargo, editamos proyectos fotográficos en los formatos de libro impreso y digital; disponemos de un extenso banco de imágenes en torno a fiestas y celebraciones tradicionales de Chiapas, y producimos aplicaciones editoriales con nuestras fotografías, como agendas, calendarios y postales.

¿Y el objetivo del proyecto?

Creemos que la fotografía hoy está más viva que nunca, sin embargo, generalmente se practica sin la conciencia de que es algo importante, algo que puede trascender. Durante el día se ven miles de imágenes pero no se observa ninguna de ellas. Cada vez se analizan menos las fotografías que se consumen. Ese es el punto medular de este proyecto: darle valor a la imagen, desde su producción hasta su lectura. Retratar debe ser un hecho significativo, no algo automático. En el futuro, los llamados “ignorantes” serán las personas no sepan hacer y procesar imágenes.

¿Cómo surgió la idea de la exposición “Orgullos de Chiapas”? ¿Cómo fue el proceso de curaduría para seleccionar a los 18 jóvenes fotografiados?

Es un proyecto por encargo de la Secretaría de la Juventud del Estado. Se buscaba celebrar el Día Internacional de la Juventud con una muestra que pudiera “inspirar” a otros jóvenes a luchar por sus metas y la conquista del éxito personal. Entonces, para ese fin, nos pareció la mejor idea contar las historias de los jóvenes que lo están logrando, con el ánimo de provocar la idea de “sí es posible. Si ellos pueden, yo también”. Para el proceso de selección no hubo una metodología muy concreta, aunque si me importaba que se respetara la equidad de género, que los participantes tuvieran menos de 30 años y que tuvieran carreras ejemplares y reconocimiento social. Luego estuvo la parte operativa: concretar los encuentros en un margen de poco tiempo, que las agendas coincidieran y que los chicos se prestaran a involucrarse en la iniciativa.

En 2014 obtuviste el primer premio en la categoría Hombres trabajadores del Concurso Latinoamericano de Fotografía Documental. Tus fotos fueron del payaso Cristal. ¿Cómo fue tu acercamiento con él?

A José Juan (el nombre real de Cristal) lo conozco hace varios años. Durante una época trabajé en un periódico situado a la vuelta de donde él se ubica para trabajar. Con regularidad lo saludaba y hablábamos un poco de cualquier cosa, pero nunca me interesó retratarlo. Sentía que mucha gente ya lo había fotografiado ahí y la imagen que yo pudiera lograr no diría nada. Además, alguna vez me dijo que no le gustaba que “los estudiantes de comunicación de la UNACH” le tomaran tantas fotos. Que porque se las tomaban de lejos y nunca veía una copia de la imagen.

cristal

Ahora trabajo en un semanario en el que realizo reportajes, un par por edición. En una ocasión buscaba un tema, iba pasando por ahí y le propuse me dejara retratarlo. Le explique para qué era y le pedí que me permitiera estar con él dos días. Sin dudar aceptó y esa misma tarde lo acompañé a su casa. Hicimos algunas fotos y me citó para el día siguiente, a las 5 de la mañana, hora en la que empieza su jornada.

Ahora, aunque no creo que seamos amigos, sí nos llevamos muy bien. Paso casi diario por su zona de trabajo y regularmente conversamos un poco. Él es de formación psicólogo, le gusta analizar a las personas. Es un tipo listo.

En 2013 también ganaste un primer premio en el mismo concurso pero en la categoría Niños trabajadores. ¿Cuál de los dos trabajos te marcó más?

Ambos son trabajos que me dejaron gratas experiencias, aunque sean dolorosos y tristes. En ambos puede verse el México actual: injusto, inclemente y cruel. Y en ambos puede verse que a pesar de eso, la gente sigue luchando por vivir con dignidad y orgullo, por ser salir adelante en un país que te quiere cortar las alas.

¿Es más difícil ganar concursos con temas felices que con temas tristes?

Creo que uno no puede ir por la vida pensando en ganar concursos. Eso es una consecuencia del trabajo diario y del compromiso que se tiene con la profesión y con las personas que se retratan. Ganar un concurso simplemente te da un poco de aliento para seguir en este camino. Te da algo de seguridad en torno a que lo que estás haciendo va bien. Personalmente no delimito mis temas en tristes o felices. Pienso en el pasado de la gente y en la historia que se esconde ahí. No es que me gusten las historias de fracaso ni los perfiles de gente adolorida de vivir. Me gustan las historias de lucha, más cercanas a la versión de la realidad que he construido en base a mi experiencia de vida.

Y finalmente… ¿Quién tiene más paciencia, un pescador o un fotógrafo?

Creo que el fotógrafo. El pescador suele echar sus redes al mar donde sabe que puede haber peces. Su labor como pescador le ha enseñado los secretos del mar. Sabe de temporadas buenas y malas. Conoce el comportamiento de las olas.

Un fotógrafo de calle, en cambio, sale sin saber a dónde lo llevarán sus pasos. No controla el comportamiento de la luz. No sabe si ese día hará la foto de su vida o regresará a casa con las manos vacías. El descontrol de tantos factores es tal, que si el fotógrafo no posee el don de la paciencia, se frustra y termina renunciando. No son pocas las veces que he vuelto a casa sin material afortunado. Y no pasa nada.

Si mañana sigo vivo, puedo volver a intentarlo.

Esta entrevista se publicó originalmente el 12 de agosto de 2016 en el suplemento cultural Círculo del diario Guardián Chiapas. Las fotografías que ilustran la entrevista son de Ariel Silva.