En mi opinión (y estoy seguro que muchos estarán de acuerdo conmigo) no hay ninguna colección más atractiva visualmente que la Compactos de Anagrama. Si los libros están juntos en el estante de una librería es imposible que no destaquen. Es como mirar a través de un caleidoscopio: una fiesta de color.

Es inevitable una pregunta al observar la colección: ¿Cómo se decide qué color le corresponde a cada libro? Debo admitir que nunca elucubré teorías que respondieran a esta incógnita. De hecho pensé que era una cuestión puramente de azar. Ya se sabe, me gusta el azar. Pero hay los que sí se preocuparon por este asunto y hubo alguien que decidió escribirle a Jorge Herralde, editor de Anagrama, para resolver de forma definitiva el misterio.

Dice Herralde (contestando a Anthony Coyle de Pollito Libros):

Lo que prima es la ilustración y a partir de ella escogemos un fondo, con criterios elásticos. Entre las diversas opciones propuestas por el grafista en cada título, yo escojo la que me parece más pertinente. Si acaso, hay una regla recurrente: cuando las ilustraciones son en blanco y negro el color de fondo es casi siempre rojo “Ferrari”.

O sea que la decisión final es de Herralde. Como bien apunta Coyle: Herralde no sólo lee todos los libros de Anagrama sino que tiene la última palabra en cuestión de diseño.

Por último, no quiero dejar de apuntar que mi teoría del azar tenía algo de cierta. La respuesta oficial de la editorial al respecto de los colores (antes de la de Herralde) fue “Realmente no tienen ningún significado. La decisión es de Herralde.”. Al ser cuestionado sobre el color rosa en novelas tan diferentes como Wilt de Tom Wolfe y Ada y el ardor de Nabokov, el editor respondió:

Lo disímiles que son Wilt y Ada o el ardor indican que se trata de un puro azar. A rose is a rose is a rose, como diagnosticó Gertrude Stein.

Como se dice en jerga policial: caso cerrado.