Esperamos dos años para la solución del enigma: ¿Cómo hizo el detective Sherlock Holmes para sobrevivir a la caída desde la azotea donde tuvo su último encuentro con Jim Moriraty? La recompensa fue más de lo que esperábamos: hubo no una sino tres respuestas y cada espectador pudo elegir la que más se adecuara a sus gustos. Es evidente que Steven Moffat estuvo atento a las elucubraciones que hubo entre los fanáticos y se decidió por un camino sencillo: decidan ustedes.

En realidad no sabremos nunca cómo sobrevivió Sherlock Holmes. Al menos no sabremos si la historia que pareciera contarle a Anderson es la verdadera o es sólo una alucinación del propio Anderson que cada día está más cerca de perder la cabeza. Fuera cual fuera la solución nadie estaría satisfecho y lo dice el propio Sherlock: Everybody is a critic. Lo mejor es pasar página y aceptar el modo de pensar de Watson: lo importante no era el cómo sino el por qué.

La tercera temporada de Sherlock dejó algo claro: se nos terminó el detective cien por ciento analítico, la máquina de pensar que no sólo se ocupaba de resolver casos sin hacer caso del inevitable “componente humano”. Sherlock asegura que es un “Sociópata altamente funcional” y, si bien es cierto que sigue sin saber comportarse de forma adecuada en situaciones sociales, cada vez lo hace mejor. Y aún más: cada vez es menos reacio a participar en este tipo de momentos, especialmente si en ellas está involucrado quien, claramente, es la persona que más le importa en el mundo: John Watson.

El foco de la temporada no estuvo en los crímenes ni en la resolución de los mismos. En el primer episodio ni siquiera hubo propiamente una fechoría, en el segundo todos sabíamos quién era el criminal (porque eso no era lo importante) y  el tercer capítulo sirvió para reforzar la idea básica de la temporada: Sherlock es cada vez más humano (tanto que se anima a una Navidad muy familiar) y, por las personas adecuadas, está dispuesto a cualquier sacrificio1.

La temporada no fue nada de lo que me esperaba pero sirvió para hacer crecer a los personajes, para separarlos cada vez más de la obra de Conan Doyle y dotarlos de personalidad propia. Nadie puede pensar ya que el Sherlock de Moffat es una adaptación más de las historias de Doyle: es más una reinvención de todo el universo holmesiano que parte desde lo más importante: los personajes.

sherlock-Magnussen

En ese sentido lo único que se quedó corto en la temporada fue Charles Augustus Magnussen. En una entrevista Moffat dijo que estaba muy satisfecho con el nuevo villano para estos tres episodios; que inclusive era mucho más perverso y terrorífico que Moriarty. Para que hubiese sido así Magnussen habría merecido mucho más tiempo en pantalla (durante los dos primeros episodios) pues noventa minutos no son suficientes para poder desarrollar toda su maldad2 . Moriarty, por ejemplo, creció con las pinceladas necesarias en los primeros cinco capítulos y explotó con toda su locura en la season finale de la segunda temporada.

Magnussen se quedó a la sombra de Moriarty. Pero con su muerte (la primera vez que Sherlock dispara una pistola en la serie, sólo lo hizo una vez en los libros) dejó un vacío para un nuevo Villano. ¿Quién mejor que Jim Moriraty? Debo decir que, por más loco y aburrido que estuviera, siempre me pareció que suicidarse era demasiado sólo para asegurarse que Sherlock cumpliera con su parte del plan.

¿Me extrañaron?, Pregunta Moriraty. Obvio que sí. Gracias por no estar muerto y nos vemos en dos años.

  1. Como escribir el mejor discurso de boda en la historia []
  2. La muestra está en que se eliminó una escena que habría sumado bastante al personaje (link) []