Al final mi último libro del año no fue el de Ricardo Piglia. Hace unos días entré a una librería y vi editado en Anagrama Una historia sencilla de Leila Guerriero. No sabía nada del libro en ese momento pero no dudé en comprarlo. El texto resultó ser una crónica sobre el Festival Nacional del Malambo que cada año se lleva a cabo en Laborde, una pequeña ciudad en la provincia de Córdoba, Argentina, y también el perfil de Rodolfo González Alcantara1, subcampeón del festival en 2011 y ganador al año siguiente.

Hasta hace una semana no sabía ni siquiera de la existencia del malambo. Ahora sé, por ejemplo, que es una danza tradicional gauchesca, que se zapatea, que tiende a ser simétrica y marcial, que para aspirar a ganar en Laborde una pieza tiene que durar entre cuatro y cinco minutos, que los malomberos se preparan durante un año como si fueran atletas de alto rendimiento para bailar por esos cinco minutos, que los dos días del festival son los únicos del año en los que trasnochan (se baila en la madrugada), que ninguno de ellos puede describir lo que ocurre en el escenario y que, cuando uno gana en Laborde, no vuelve a participar en ningún festival de malambo jamás: ganar en Laborde no tiene comparación y sería indigno, si pasara, perder en otra competición llevando el título de campeón de Laborde.

El libro tiene tono de épica. Es la épica de un hombre cuyo único objetivo es deslumbrar durante cinco minutos arriba de un escenario. Un hombre que sabe que, cuando lo logre, cuando deslumbre al jurado (que está compuesto por los anteriores campeones de Laborde) terminará su trayectoria como bailarín: le crecerá panza (porque “nadie tiene la fuerza de seguir entrenando después de ganar Laborde”) y le tocará pasar a otro rol, el de entrenador de un futuro campeón. En Laborde todo está calculado, como en el malambo.

Leila Guerriero estuvo en Colombia para presentar el libro y ella misma habla sobre toda esta situación y sobre el protagonista de la historia:

  1. Acá un video en Youtube []