Salimos de la casa alrededor de las seis de la tarde. La idea era simple: comprar unas cosas y volver. Quizá cenar. El centro de la ciudad estaba, en algunas partes, con lámparas prendidas, y en otras, comenzaba a caer la noche. Caminamos unas cuadras hasta entrar a una botica donde compramos aceites esenciales para elaborar un limpiador biodegradable. La tienda está enfrente del Árbol famoso que, según recuerdo, fue plantado en España y luego se mudó aquí. Enfrente del Árbol, en el último piso de un edificio, Sol vivió mucho tiempo. Desde ahí podía ver el hormiguero de seres humanos que se formaba la noche del seis de enero, porque en una de esas calles se pone un tianguis de juguetes.

Subimos toda la Avenida Revolución. Pasamos por las tiendas eléctricas minoristas y mayoristas. También por una escuela primaria que tenía un cartel y decía “Prohibido tirar basura. Toda persona será consignada a las autoridades”. Tuvimos que caminar en fila india por la banqueta porque estaba repleta de bolsas de basura. Es la costumbre xalapeña.

Al terminar Revolución giramos a la izquierda por la avenida 20 de noviembre. Esa avenida me gusta, me trae buenos recuerdos. Entramos a un Office Max. Queremos comprar un pizarrón, ni grande ni pequeño, para anotar todas las cosas que se nos ocurran. Sol dijo que olía a Estados Unidos. No encontramos nada y sólo salimos con un folleto de publicidad y descuentos que nos entregó el policía de la entrada.

Enfrente del Office Max está el Cinema Pepes. El único sobreviviente a la llegada de Cinépolis en Plaza Américas. Ninguno de los dos había nunca estado ahí. Cruzamos Ávila Camacho y compramos dos boletos para Madagascar 2. La primera de Madagascar la vimos en Cinemark, cuando aún no existía Plaza Américas. Yo aún vivía en el departamento atrás de la Facultad de Humanidades. Esa noche había mucha gente de visita, pero los dejamos ahí dentro y llegamos apenas a tiempo para la última función.

En la puerta del Pepes está la señora que recibe los boletos. Ese día llevaba puestas unos zapatos de rosa chillante que combinaban un poco con la pintura del lugar. Compramos un Corneto y un paquete de palomitas. Es verdad que son palomitas de maíz caseras. Entramos a la sala.

Estaba terminando la película Rudo y Cursi, así que ya sabemos que Diego Luna detiene el penalti de Gael García. La sala es enorme, posiblemente entren alrededor de 500 personas. Es igualito a los ahora extintos (por diferentes razones a Cinemark) cines de Comitán. Se llamaban Cinemas Galaxia 2000. Se estrenaron con la película de Indiana Jones y los cazadores del Arca Perdida en 1981. Nunca se remodelaron. También creo que fue la única película que llegó a tiempo. Titanic, por ejemplo, se estrenó en Comitán en 1998, es decir, un año después de su premier oficial.

Un punto en contra del Cine Pepes es el sonido: terrible. Fue una labor compleja entender lo que decían los animales de Madagascar. Sobre Madagascar: es una cosa muy extraña. Pero que muy.

Al acabar la película, y a pesar de haber comido el combo palomitas, teníamos bastante hambre. Por sugerencia de Sol fuimos a un restaurante italiano llamado Ragazza en la calle de Clavijero. Sólo tienen pastas, ensaladas y dulces. Medias cortinas y manteles rojos con estampado de cuadros. Si alguien ha visto la serie Los Soprano, una de las señoras que atiende se parece a Carmela, la esposa de Tony Soprano. Es decir, empezamos a imaginar que en cualquier momento iba a entrar a cenar la mafia xalapeña.

Nunca entraron. Estábamos sólo Sol y yo y otra mesa de personas mayores que hablaban sobre calorías y sistemas de dietas. Al poco rato entró una familia y una niña pequeña. Si la niña no hablaba, nadie hablaba. Ella llevó el ritmo de la conversación por un rato. Al final se quedó dormida antes de que llegara su pasta.

Salimos del restaurante a las once de la noche. Caminamos toda la calle Clavijero. Es distinta verla si gente, sin carros. Pasamos al lado de una chica dark que besaba a un chico no-dark. Seguimos andando hasta el parque de los Tecajetes y antes de llegar al Teatro del Estado tomamos un taxi a casa.